En la entrada anterior, escrita (¡con faltas de ortografía!, por culpa del teclado italiano) desde un cibercafé de Florencia, prometía volver a la carga el veinticinco de julio, tras el parón vacacional por tierras del Sur de Francia y la Toscana italiana. Como puede comprobarse, habrá que sumar ésta a la larga lista de mis promesas incumplidas o aplazadas. Hombre, tengo algunas excusas: la fatiga del turista, lo inapropiado de una fecha como la festividad de Santiago Apóstol para retomar la bitácora, lo áspero de volver a la normalidad después de tanto día de “dolce far niente”.
Y eso que de “far niente” es sólo un modo de hablar: apenas un par de horas de playa (en la abarrotadísima de Cannes, que me puso de muy mal humor) y otra de piscina para mí, mientras Pilar echaba la siesta, y para de contar. El resto del tiempo lo hemos invertido en las inevitables obligaciones del turista con pretensiones: recorrer parajes pintorescos, fotografiar monumentos, guardar no menos monumentales colas, leer guías como quien lee los sagrados evangelios, dar vueltas y más vueltas a los mapas en los traicioneros cruces de las carreteras comarcales y, a veces, disfrutar de una merecida recompensa gastronómica en un coqueto restorán.


No conozco todas las novelas del tándem Douglas Preston y Lincoln Child, pero con las seis que he leído (El ídolo perdido, Nivel 5, El relicario, Más allá del hielo, Los asesinatos de Manhattan, y esta última que acabo de terminar, La mano del diablo) creo que ya he conseguido cogerle el tranquillo a esta pareja de novelistas norteamericanos, practicantes de un género que combina, a mi modo de ver con bastante acierto, lo policíaco, el suspense, el horror y los elementos tecnológicos. Thrillers de alta tecnología, podría ser la etiqueta adecuada para sus novelas, casi siempre de lectura apasionante, que complementan su innegable vocación de superventas con un cierto brillo cultural y, de vez en cuando, estimables cualidades literarias.
La serie del superhéroe disfrazado de ratón ciego (pues éste es el significado del étimo de “murciélago”) acaba de completarse en nuestras pantallas con su última entrega, Batman begins, un episodio retrospectivo (una precuela, si cedemos al barbarismo) que explica con gran detalle los atormentados antecedentes de la infancia y juventud del enmascarado volador: los cómos y los porqués de su disfraz, de su doble identidad, de su afán justiciero y su aversión al crimen, del origen de su fortuna y de los fascinantes artefactos que maneja.



