El Tigre no es un forofo futbolero, pero gusta, de vez en cuando, y sobre todo coincidiendo con europeos y mundiales, de los partidos vibrantes y competitivos. El Tigre tampoco es un aficionado chauvinista, y aunque anima con sus vigorosos rugidos (y no es hipérbole) a la selección española de fútbol, sabe reconocer los méritos del rival y aplaudirle cuando se muestra superior. Esta actitud no le sirve al Tigre de consuelo en la derrota, pero al menos le permite no caer en el desánimo.
Los méritos han correspondido hoy a Francia, pues primero ha frenado a los centrocampistas españoles, y luego se los ha comido, simple y llanamente. Se decía que los franceses estaban acabados, que andaban pidiendo el retiro, pero ya se ha visto: fuertes, poderosos, anticipados en el corte, incordiantes… ¿Quién dijo que Zidane no aguantaría todo el partido? Ahí estaba, al pie del cañón, en el minuto 90, fusilando sin piedad a su compañero de equipo Iker Casillas.
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